A través de nuestra experiencia laboral, a lo largo de varios años (a veces nos gustaría decir que son menos de los que realmente son), hemos visto en diferentes empresas y compañías de diversos tipos y tamaños, y principalmente ahora en el contexto del famoso “teletrabajo”, que los empleados son llamados en ocasiones a las famosas charlas de “ergonomía en el trabajo”.

El objetivo de ellas, al menos desde el discurso, se relaciona con la invitación a preocuparse por el propio cuerpo, a hacer “conciencia” del mismo y de la “posición física” que ocupa mientras desempeñamos nuestra labor. Nos llaman a “preocuparnos por nuestro cuerpo y el ambiente físico en el que trabajamos”.

De lo contrario, y si no generamos las acciones a las que nos instan en estos espacios, de seguro contaremos con serias lesiones, como las ya conocidas tendinitis, túnel carpiano, lumbagos, por mencionar algunas.

Sin embargo, y en este nuevo contexto de cambios (que en muchos equipos de trabajo es un estado constante, sólo que ahora parece que estamos más conscientes de aquello), ¿cuándo ha ocurrido que se nos ha reunido para estar conscientes de la “posición emocional” que ocupamos en nuestros equipos? ¿cuándo nos hemos reunido masivamente para hablar sobre cómo estamos cuidando nuestro “cuerpo emocional”, o cómo nos estamos sintiendo en relación a los cambios que han ocurrido dado este nuevo contexto, o en relación a las mismas tareas que realizamos día a día?”

¿Por qué no nos ocupamos o resultan menos visibles las condiciones emocionales que nos rodean, en comparación con nuestros puestos físicos y concretos de trabajo?

Si definimos “ergonomía” como el diseño de lugares, herramientas y tareas de modo que coincidan con las características y condiciones de los trabajadores, entonces cabría preguntarse ¿cómo está diseñado hoy el “espacio emocional” en el que actualmente trabajamos? ¿Calza con nuestras necesidades y características como trabajadores?”

¿Están dadas las condiciones para tener una posición emocional sana y armónica dentro de nuestros equipos? ¿Existe un lugar emocional que nos “acomode” y nos haga sentir seguros y aptos para desempeñar nuestras funciones de una manera óptima?¿Cuál es mi rol en la co-construcción de ese lugar emocional?

¿Cómo afecta el estado emocional en la productividad de las personas y en el consecuente éxito de los procesos de trabajo al interior de los equipos y de las compañías?

Más que dar una respuesta, creemos que lo importante es hacerse este tipo de preguntas al interior de los equipos de trabajo, e instalar estos temas con las personas y caminar en la generación de acciones concretas en ese sentido.

La metodología de Puerto (ECO: Explorar, Caminar, Observar) se orienta a la co-construcción de espacios de confianza entre los distintos miembros de los grupos de trabajo, lo cual a su vez mejora la comunicación y posibilita cambios a todo nivel, dentro de ellos, a nivel emocional.

Los invitamos a conversar y, por sobre todo, a reflexionar al interior de sus equipos sobre estos conceptos.

En Puerto buscamos que los equipos sean eficientes, óptimos y que a su vez cumplan con un estándar emocional que les permita la obtención de dichas metas.

No dudes en contactarnos, para que juntos podamos “llegar a puerto”.

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